Historia

Una familia de empresarios: La Casa Segarra. El fabricante más importante de calzado en España.

El pueblo de Vall de Uxó ha tenido una histórica vinculación a la fabricación de alpargatas desde hace siglos.

Para su fabricación utilizaban un producto de la zona, el cáñamo, como materia principal. En la comarca se fabricaban alpargatas para el uso de la población y de toda la región desde el siglo XIV.

El auge de la artesanía de la alpargata, inicialmente dentro de unas estructuras gremiales, se mantuvo hasta el siglo XVIII; ya en el XIX, algunos alpargateros de Vall de Uxó vieron en el negocio del calzado una forma de hacer fortuna gracias a los cambios económicos que se estaban produciendo con la revolución industrial.

En el siglo XIX se producen importantes cambios

gracias a la mecanización del trenzado del cáñamo y su posterior sustitución por el yute, una materia prima más barata que el cáñamo. Progresivamente se fue adiestrando a una mano de obra, abundante y acostumbrada a los duros trabajos de la agricultura, para lograr su especialización en los trabajos de fabricación de alpargatas. Empezaba un desarrollo industrial sobre la base de trabajadores que, partiendo de formas artesanales, fueron cambiando hacia una industria de corte moderno. La alpargata logra su mayor éxito en el siglo XIX y este se prolonga hasta prácticamente mediados de la dictadura de Primo de Rivera.

Las guerras civiles que asolaron España

Las guerras civiles que asolaron España, las Guerras Carlistas, obligaron a que se fabricasen gran cantidad de alpargatas para nutrir a los combatientes. Durante la guerra de África de 1859 a 1860 los alpargateros de Vall de Uxó produjeron gran parte del calzado necesitado por el Ejército español. En este mundo va a destacar, en 1882, un agricultor y alpargatero de nombre Silvestre Segarra Aragó. Va a fundar una pequeña fábrica de alpargatas dentro del casco urbano de Vall de Uxó. El que será con el paso de los años el imperio del calzado Segarra comenzará con seis alpargateros, gracias a un pequeño capital que había aportado al matrimonio la novia, Teresa Bonig, hasta lograr convertirse, ya en el siglo XX, en una empresa con más de cuatro mil trabajadores y tiendas en las ciudades más importante de España.

En 1912 se funda la empresa Silvestre Segarra e Hijo S.R.C.

Transformándose en 1942 en Silvestre Segarra e Hijos S.A. en su desarrollo en el terreno comercial empezó cuando su primogénito, Silvestre Segarra Bonig, vio el gran potencial de consumo que tenía el Ejército español. Para entrar en este mercado va a acceder a una primera subasta de calzado para el Ejército qué no le va a ser favorable. Poco después acudirá a otra, de un regimiento en Vitoria, donde conseguirá la adjudicación de un lote de 2.000 alpargatas. Para lograr prestigiar su marca ofreció enviar otros 2.000 pares gratis al regimiento como garantía de la calidad de su producto, de tal forma que, si alguno se rompía antes de 3 meses, que era la duración mínima admitida para las alpargatas, las defectuosas se pudieran sustituir con las del lote depositado como garantía de la calidad de las alpargatas de Segarra y de la inversión del regimiento en el calzado de Vall de Uxó.

La operación fue un éxito y sirvió como aval para otros concursos. Muy pronto, otros regimientos, como el de Cádiz, vieron en el calzado de Segarra la solución a sus problemas y así, poco a poco, la fábrica fue creciendo y se convirtió en una empresa de referencia en el mundo del calzado militar.

En 1919, la familia Segarra ya era la dueña una gran empresa y procedió a la construcción de una nueva fábrica dentro de Vall de Uxó. Fabricaban cien pares al día el primer año, aunque, en poco tiempo, lograron fabricar tres mil pares diarios.

La guerra de Marruecos, que fue una sangría para los jóvenes españoles, se va a convertir en una enorme oportunidad de negocio para la familia Segarra, y con ella para Vall de Uxó, que va a aprovechar para crear una empresa de referencia a nivel mundial en materia de calzado, y qué va a ser la principal fuente de ingresos y de trabajo para los vecinos de su comarca.

La llegada de la Segunda República

Con la llegada de la Segunda República, los negocios de Segarra siguieron prosperando pues el Ejército sigue siendo su principal cliente. Las alpargatas progresivamente son sustituidas por borceguíes y calzado de cuero para los soldados. Una fabricación en la que los Segarra se vuelven a convertir en un referente.

En 1923 la fábrica es trasladada fuera de Vall de Uxó, a la carretera de Chilches, dando un gran salto en su capacidad de producción. Los Segarra para mejorar sus productos y su cuenta de resultados. No solamente fabricaron calzado, sino que, además, curtieron sus propias pieles y cubrirían ellos mismos las necesidades que conllevaba su negocio. En estos años, los Segarra vieron como su fábrica llegó a poner en el mercado cinco mil pares de zapatos diarios, al tiempo que consolidaron una red comercial con locales propios por toda España donde vendían sus productos a precios muy competitivos. Las maquinaría moderna traída del extranjero convierten a la empresa en un referente a nivel nacional y mundial en el ámbito del calzado.

Con el estallido de la Guerra Civil

Con el estallido de la Guerra Civil, la empresa Segarra va a quedar en zona republicana y verá como el esfuerzo de guerra lleva, primero, a ser intervenida la fábrica y, segundo, a que sus instalaciones sean parcialmente desmanteladas para ser llevadas a otros lugares de Valencia, pues los zapatos de los Segarra se convierten en parte del material que necesita el Ejército del Frente Popular para continuar su lucha. La intervención durante la guerra no impedirá a los Segarra seguir dirigiéndola, pues la capacidad de gestión de su negocio resulta fundamental para que de sus talleres siguiesen saliendo el calzado y los correajes que necesitaban los soldados republicanos. En 1938 las tropas nacionales entran en la provincia de Castellón. El 29 de marzo de 1939 es liberado Vall de Uxó, pocos días antes de finalizar la guerra. La fábrica, o lo que queda de ella, cae en manos del Ejército Nacional. El capitán don Juan Calduch se hizo cargo de sus instalaciones como representante de las fuerzas militares de ocupación.

Con la llegada de la paz

Los Segarra recuperan el control de su empresa y así, al poco tiempo, ya estaban fabricando de nuevo mil pares de zapatos al día con quinientos trabajadores en sus talleres. De nuevo el Ejército vuelve a ser su mejor cliente. A partir de este momento, los Segarra no solamente se dedican a mejorar empresarialmente su negocio sino también, imbuidos por el espíritu regeneracionista que surge en buena parte de España al acabar la guerra civil, empiezan a crear organismos que mejoren la vida de sus trabajadores.

Van a promover la construcción de varios barrios de viviendas para sus empleados, el nacimiento de un economato para surtirles de productos alimenticios y de todo tipo a precios competitivos, fundan una clínica médica para atenderles, un colegio que va a dar formación a los hijos de los trabajadores, y la famosa Escuela de Aprendices, que va a ayudar a que los jóvenes que salen de su colegio luego aprendan un oficio que les permita encontrar un trabajo cuando lleguen a la edad laboral. Junto a esto, los Segarra van a crear también campos de deportes que permitirán el nacimiento del C.D. Segarra.